Cada camino recorrido deja pisadas en los otros

La puerta de servicio

Hay ideas que empiezan como una intuición sencilla y, poco a poco, van encontrando su forma. Esta empezó así: si nuestros principales sistemas biológicos se influyen mutuamente, ¿por qué el camino hacia el bienestar tendría que entrar siempre por la puerta principal del problema?

Dicho de otra manera: si una persona está deprimida, ansiosa, bloqueada o agotada, solemos pensar que la intervención debe dirigirse directamente al síntoma principal. Si hay ansiedad, trabajamos la ansiedad. Si está decaído, trabajamos el ánimo. Si hay insomnio, trabajamos el sueño. Y, por supuesto, muchas veces esto tiene todo el sentido.

Pero no siempre es el camino más accesible. A veces, una persona no tiene energía para empezar a hacer ejercicio. Pero quizá sí puede enviar un mensaje. Otras veces, no puede ordenar su vida. Pero quizá sí puede ordenar una mesa. Le puede costar enfrentarse a una conversación difícil. Pero quizá sí puede salir cinco minutos a la calle. Es incapaz de “sentirse mejor”. Pero sí puede beber un vaso de agua, abrir una cortina o regar una planta.

Y esa pequeña acción, aparentemente periférica, puede mover algo. Porque un organismo no funciona por compartimentos. Aunque solemos estudiar sus sistemas por separado —el nervioso, el inmune, el endocrino—, en la vida real todos ellos se influyen de manera constante y están atravesados por emociones, hábitos, contexto y relaciones. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que esta separación es útil para estudiar, pero limitada para comprender. Nuestro bienestar emerge de la interacción constante entre múltiples sistemas. Entre ellos, como ya hemos citado, al menos cuatro son especialmente relevantes:

  • el sistema nervioso,
  • el sistema endocrino,
  • el sistema inmunitario,
  • y la microbiota.

No funcionan como departamentos aislados. Se comunican de manera bidireccional. Lo que ocurre en uno de ellos puede influir en los demás. El estrés sostenido afecta al sistema inmune. El sueño modifica la regulación hormonal. La alimentación influye en la microbiota. La actividad física tiene efectos sobre el estado de ánimo, la inflamación, el metabolismo y la percepción corporal. La conexión social modula respuestas fisiológicas profundas.

Esta mirada se apoya en líneas de investigación como la psiconeuroinmunología, el eje microbiota-intestino-cerebro y los modelos de activación conductual, que han mostrado cómo los procesos psicológicos, corporales, inmunitarios, sociales y conductuales se influyen entre sí de forma constante.

O sea, cada camino recorrido deja pisadas en los otros.

Esta idea no pretende reducir la psicología a biología, ni convertir la terapia en una suma de hábitos saludables. Más bien invita a pensar la salud como un sistema vivo, complejo, relacional y dinámico. Un sistema donde no siempre es necesario hurgar en el punto que más duele.

Pensemos en una persona con ansiedad. Una intervención clásica podría centrarse en identificar pensamientos anticipatorios, trabajar la evitación, exponerse progresivamente a aquello que teme, regular la activación fisiológica o revisar patrones de conducta. Todo eso puede ser útil. Pero ¿qué ocurre si la persona está demasiado bloqueada para empezar por ahí?

Quizá no puede exponerse todavía. O no puede sostener una conversación larga, ni puede cambiar sus pensamientos, o ni siquiera puede formular con claridad lo que le ocurre. En este caso, puede ser terapéuticamente valioso empezar por otro lugar. No porque ese otro lugar sea mágico, o porque beber agua cure la ansiedad, o porque salir al sol sustituya una terapia. Sino porque cualquier acción viable puede convertirse en una primera grieta en el bloqueo. Un gesto pequeño puede recuperar sensación de autodeterminación. Una acción mínima puede recordar al sistema que todavía puede moverse. Una conducta concreta puede ser más accesible que una reflexión profunda.

La pregunta, entonces, cambia. Ya no es solo: ¿qué problema tiene esta persona?. Sino también: ¿por dónde puede entrar hoy?

Esta intuición es la que está dando forma a HOLO-COLO: un sistema de cartas pensado para acompañar procesos terapéuticos a través de pequeñas acciones concretas, graduadas y accesibles. Cada carta propondrá una forma distinta de mover una pieza del sistema: vínculo, movimiento, entorno o cuidado. Espero presentar la baraja en un próximo artículo, sus personajes y el modo en que podría utilizarse tanto en consulta como en formato móvil.


Referencias científicas orientativas

  • Cryan, J. F., O’Riordan, K. J., Cowan, C. S. M., et al. (2019). The microbiota-gut-brain axis. Physiological Reviews.
  • Dinan, T. G. & Cryan, J. F. (2016). Microbes, immunity, and behavior: psychoneuroimmunology meets the microbiome.
  • Cuijpers, P., van Straten, A. & Warmerdam, L. (2007). Behavioral activation treatments of depression: a meta-analysis.
  • Uphoff, E., Ekers, D., Robertson, L., et al. (2020). Behavioural activation therapy for depression in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews.

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Un comentario

  1. Todo está conectado, y todo lo que escribes refuerza esta teoría. Me encanta este acercamiento, por la puerta de servicio. Estoy convencida que a veces hasta vale con una ventana inclinada que deja entrar una brisa o un olor diferente.

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