No falla. Cada vez que intento entender algo, acabo encontrando una idea ajena que me ayuda a ordenar la mía. A veces aparece en un libro, otras en una conversación, en una noticia, en una línea de código, en una incomodidad cotidiana o en una pregunta que no sé responder del todo.
Durante años este blog fue, sobre todo, un lugar donde dejar constancia de problemas técnicos y de sus soluciones. Sigue habiendo algo de eso, pero ya no es solo eso. Ahora también escribo sobre tecnología, lenguaje, psicología, hábitos, relaciones y pequeñas observaciones que me ayudan a entender mejor lo que hacemos con lo que nos pasa.
No pretendo cerrar temas ni dar lecciones. Más bien al contrario: escribo para pensar con algo más de calma, para seguir el hilo de una intuición y, con suerte, dejar una nota que a alguien le sirva como a mí me han servido tantas notas de otros.