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Una pésima jefa

Si tuviera que resumir mis estudios de psicología en una frase diría que la mente es buena esclava, pero pésima jefa.

De tener que elaborarlo un poco más, añadiría que las ideas no son hechos: deja de creerte cada una de ellas. Y que, como no estás rota, no necesitas ser arreglada. Estar mejor no requiere que los sentimientos te atropellen, sino aprender a sentarse con ellos sin permitir que conduzcan tus decisiones.

En cuanto a cambiar, olvídate de esperar a la motivación: cultiva pequeños hábitos. Cambios modestos, repetidos con suficiente frecuencia, terminan modificando nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Tu pasado es un maestro, no una cadena perpetua; deja de cederle la palabra cada vez que la vida te presente un nuevo capítulo.

Las reacciones emocionales también contienen información. A veces, aquello que nos irrita especialmente de los demás dice tanto de nosotros como de ellos. Y cómo te sientes rara vez depende de una única causa: son muchas las raíces que alimentan nuestros sentimientos. El control absoluto es una ilusión. Tu personalidad es un medio, no un fin.

Y, sobre todo, come sano y mueve los músculos de tu cuerpo, cuantos más mejor: que tus células sepan que estás viva.

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